El Banco Central no imprime crecimiento

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El rol del Banco Central no es crear riqueza, sino facilitar su creación. Tratar de pensar que un banco central será capaz de sacar adelante la economía de un país es simplemente utópico.

Gran parte de todos los debates económicos que se han sucedido a lo largo de la historia económica moderna se resume en dos posturas adversas, entre los autores que en el fondo piensan que la riqueza se encuentra en el dinero y aquellos que, por el contrario, opinan que el valor no se encuentra en una moneda o un billete sino en los bienes que estos permiten adquirir. Para los que se encuentran en la primera posición, un banco central que imprime billetes como si se tratase de un juego de Monopoly será la panacea para generar bienestar. Sin embargo, la realidad es que los bancos centrales jamás podrán crear crecimiento, aunque siempre podrán destruirlo. ¿Por qué? Bastante sencillo: un banco central no tiene la capacidad de aumentar la riqueza de un país, pues ésta se determina en el mercado de bienes, no en el mercado monetario. Imaginemos que nos situamos en mitad del desierto, sin agua, pero con un billete de quinientos dólares, ¿De qué nos sirve si nadie ha producido un pozo de agua que poder comprar?

Es importante entender que el dinero es únicamente un medio que facilita la transacción de bienes y servicios en una economía, no un fin en sí mismo. Es en este punto cuando aquellos que creen en la varita mágica del Banco Central dicen, ¡Creemos más medios para poder adquirir esos bienes! Parece lógico, cuanto más dinero tengamos, más cosas podremos comprar. El problema es que eso no ocurre. Cuando aumenta la emisión monetaria, lo único que se consigue es destruir el valor de la moneda, generando inflación, y si algo nos ha regalado el S. XXI es la ratificación de este proceso, empíricamente.

Zimbabwe, Venezuela o Argentina hoy mismo sirven como ejemplo para saber lo que no hay que hacer en política monetaria. En Argentina, con un crecimiento de la base monetaria del 30%, ¡oh sorpresa! La inflación es del 30%. Conclusión, todos acaban perdiendo porque los salarios nunca aumentan lo mismo que los precios, los ahorros de las familias se destruyen y los beneficios de las empresas se desploman.

Vemos entonces que el rol del Banco Central debería ser el de conseguir la estabilidad de precios, no participar de la borrachera monetaria que sólo conlleva a la pérdida de confianza de los ciudadanos en el valor de la moneda y, por ende, una depreciación continua del valor del dinero.

La partida, independientemente del jugador que se siente en la mesa de juego, se ganará con una política monetaria responsable que permita a las familias saber que el ahorro de ayer valdrá lo mismo mañana.

Por Tomás Piqueras

Economista. Universidad CEU San Pablo (Madrid).

@tomaspiqf

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