El Mundial de la lógica

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A la Copa del Mundo le quedan sus últimos 10 días y se volvió común hablar de los equipos que llegaron mucho más lejos de lo esperado o del flojo nivel de algunos supuestos candidatos. Pero… ¿es realmente así?

Ya no están Messi, Cristiano Ronaldo, Iniesta ni Toni Kroos. Sus respectivas selecciones quedaron en el camino sin llegar a estar entre los ocho mejores de la competencia, mientras que otras como Rusia o Suecia, todavía sueñan con hacer historia.

Objetivamente hablando, es verdad que llama la atención que tamañas potencias futbolísticas, con estrellas de fama internacional dentro de su staff, se hayan encontrado de frente con el fracaso, pero si se analiza fríamente no termina resultando tan descabellado.

Alemania llegó como campeón vigente y favorito de varios, pero amparados más en la inercia del trabajo sostenido y estructural de su federación que en el análisis real de su presente. De sus 6 partidos previos al Mundial, sólo habían derrotado a la débil Arabia Saudita (2-1) y cayeron contra Brasil sin Neymar (1-0) y frente a Austria (2-1) sólo 16 días antes de su fallido debut ante México. Había indicios para pensar en su caída, aunque la manera en que se dio resultó mucho más traumática de lo que cualquiera se hubiera imaginado.

El caso de España es diferente. Con una buena clasificación a cuestas y atravesando el inevitable cambio generacional 8 años después de haber conseguido su primera Copa del Mundo, quedaron embebidos por un bochornoso cambio de entrenador a días de debutar y eso llenó de incertidumbre su desempeño venidero. La eliminación terminó siendo casi azarosa, tanto por la definición por penales como por la insólita mano de Piqué que llevó a los rusos al empate. Más allá del desarrollo del partido (favorable para los ibéricos), la falta de contundencia ante un rival inferior justificó que se les niegue el pase a la siguiente ronda.

A Portugal parecía que le iba a alcanzar con Cristiano Ronaldo para sacar adelante los partidos. Prácticamente en soledad él empató 3-3 contra España y le ganó a Marruecos, pero hasta allí llegó su pólvora. Desapareció frente a Irán (incluso falló un penal y debió ser expulsado) y Uruguay, lo que derivó inexorablemente en su eliminación. Fue un reflejo de que no se puede depender de la inspiración de un jugador como único plan para salir adelante.

Llegamos al caso argentino. ¿Qué se puede decir que no se haya dicho antes? Tres entrenadores en cuatro años, nulo acompañamiento dirigencial, internas entre los jugadores y una prensa tóxica que operaba en función de los intereses de los distintos protagonistas. Estaba todo dado para la hecatombe y lejos de evitarla, se potenció desde los errores de un director técnico que prácticamente no dejó nada positivo para reconocerle.

Del otro lado de la moneda están esas selecciones a las que se les puede llamar “sorpresa”, aunque en la mayoría de los casos simplemente son fruto del trabajo y la planificación tanto de parte de sus dirigentes como de sus respectivos entrenadores.

La mayoría del público no tenía en consideración a los países nórdicos. Sin embargo y cual reflejo de su sociedad, demostraron que ordenando a los jugadores menos dotados y potenciando a las figuras se pueden lograr resultados. Suecia es el principal emblema si consideramos lo lejos que ha llegado, pero Dinamarca también estuvo muy cerca de avanzar, aunque terminó cayendo en la definición por penales con uno de los inesperados favoritos.

Precisamente Croacia es la demostración de que edificando alrededor de tres figuras superlativas (Modric, Rakitic y Mandzukic), rodeándolas con jugadores con rodaje internacional sin dar el salto definitivo a la estelaridad (Perisic o Vrsaljko tienen potencial para darlo) alcanza para convertirse en un equipo a tener en cuenta. De hecho, por la forma en la que quedó diagramado el cuadro es un probable finalista, pero bajo ningún concepto se lo podría tomar como sorpresa.

Rusia es el único país que realmente no tenia en cuenta nadie. No participó de las Eliminatorias por ser local y en los amistosos que disputó realmente no le fue muy bien. Aún así se están valiendo de su amor propio y el orgullo de no quedar mal ante su gente para lograr resultados realmente destacados.

Quedan analizar los que probablemente sean los mejores y máximos candidatos: Brasil, Uruguay, Francia y Bélgica. Todos ubicados en el sector zurdo del cuadro, por lo que se eliminarán entre sí antes de la final.

Los belgas edificaron un plan a largo plazo para potenciar a un grupo de jugadores de excelencia que constaba de hacer un buen papel en Brasil 2014 y capitalizar todo en el presente Mundial. De momento sólo se puede admirar lo que están logrando sabiendo que para ellos no será un fracaso la derrota, porque la juventud de su plantel les permite seguir proyectando a largo plazo.

Similar caso ocurre con Francia y la explosión mediática de Griezmann en los últimos años y ahora de Mbappé. Temible equipo que en Argentina ya hemos padecido y que ahora busca consagrarse por primera vez fuera de casa con el agregado de que, si lo logra, su DT se convertirá en la tercera persona en levantar la Copa como entrenador y jugador, algo que por el momento solo consiguieron el brasileño Zagallo (1958 y 1962 como jugador y 1970 como director técnico) y el alemán Franz Beckembauer (1974 como jugador y 1990 como DT).

Uruguay llega en estado de gracia. Además de la irrefutable historia que trae a cuestas por haberse consagrado dos veces como campeones del mundo, le suman una generación de jugadores envidiable y un proyecto que lleva a que tiene al Maestro Tabárez en el cargo desde 2006.

Para Brasil no alcanzan los adjetivos. Siempre se las ingenian para reinventarse, tener jugadores de excelencia y generar admiración. Cuando superan al rival terminan ganando el partido y cuando no le salen las cosas, muchas veces, también. Resulta anecdótico el 7-1 de hace cuatro años, porque parece muy poco probable que en Rusia le pueda suceder una catástrofe deportiva de tal escala.

En definitiva: puede haber partidos puntuales sorprendentes, actuaciones por debajo de las expectativas y revelaciones, pero en realidad lo que está primando es la lógica. Quienes trabajaron y planificaron, lograron sus objetivos, mientras que el desorden y la improvisación resultó en derrota. Esperemos que sirva de enseñanza a futuro.

Por Julián D. Busso

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