UNA REFORMA QUE NO ACABA NUNCA

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Las reformas del CONICET, han persistido a lo largo de varios años, en medio de grandes debates y tensiones esgrimidas entre la comunidad científica, las autoridades y los órganos gubernamentales.

A pesar de que el papel de la ciencia y la técnica cobra una gran relevancia para el desarrollo social y económico, la ausencia de reconocimiento de su injerencia en el país, no ha contribuido a la disposición de presupuestos redituables para el desarrollo y mantenimiento de la ciencia y la tecnología, coartándose a través de la falta de recursos, las posibilidades de contribuir a una comunidad científica y a una praxis sostenida y efectiva a lo largo del tiempo. A estos problemas, también se sumarian, las falencias administrativas y en los mecanismos de evaluación y control, siendo todos ellos aspectos que han corrompido el funcionamiento del CONICET, en tanto como un organismo que supo hospedar y dar lugar a profesionales y núcleos de gran prestancia en las distintas áreas del conocimiento.

Ante este panorama, y con el propósito de brindar una mejoría al organismo y a su sistema de gestión; en el año 2000 el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación productiva, iniciaría un programa de reforma basado, en apariencia, en el mejoramiento del presupuesto, en la incorporación y mantenimiento de personal de investigación y en la retribución salarial en función de los trabajos de investigación. No obstante este proyecto discrepaba con las condiciones institucionales, y usufructuaba la tentativa de una intervención desde la administración al sistema científico, con fines meramente políticos y corporativos, que hostigaban las actividades científicas y técnicas del cuerpo de profesionales, y apremiaban a largo plazo la posibilidad de desintegración del organismo.

Esta primera contraposición a un proyecto de reforma, que explicitaba por un lado la necesidad de enmienda del sistema científico y tecnológico del CONICET, pero que a la vez convergía en intereses, que no necesariamente correspondían al desarrollo de la comunidad científica y de la ciencia en el país, sino que se vinculaban a la reestructuración, y eventual desmantelamiento del organismo científico; constituiría el punto de partida de diversos contraataques desde la gerencia gubernamental.

Desde el 2000 en adelante, se han perpetrado con mayor impronta diversos intentos de ‘desmantelamiento’ encubierto, bajo el estandarte de una búsqueda de refundación de los principios y de re direccionamiento de las actividades, conforme se pudiera acompañar la experiencia nacional e internacional.

A pesar de ello, este organismo ha mantenido la consecución de sus actividades, aunque bajo la punción de medidas sustentadas en la delimitación de los horizontes presupuestarios, en la reducción de infraestructura y de personal, en la estandarización de las áreas de investigación, y en la imposibilidad de contribuir al engrandecimiento de la actividad científica nacional.

Resulta evidente, como este incremento y despliegue reiterado de reformas en el ámbito del CONICET, no condicen con un horizonte renovador de su estructura organizacional, sino que arremeten y contribuyen a la fragilizaciòn de sus bases, y simultáneamente forjan con mayor énfasis un sistema de gestión que se aleja de los principios originales, y que contrariamente responde a mecanismos e intereses corporativos y a la urgencia del mercado.

Ciertamente queda imperando una gestión ineficiente cernida en el dominio y en la apropiación de las actividades colectivas de la ciencia y la técnica, pero particularmente, una burocracia inoperante, autocrática, que ha perdido el mérito de su accionar, contraponiendo ante los intereses de este organismo, el monopolio de su poder. Parecieran dominar esta escena de transformación silenciosa, la perpetración de reglas y procedimientos que no advierten los resultados, sino que terminan por debilitar la gestión encomendada. Perdiéndose con ello, la posibilidad de asentar cambios eficientes, con miras hacia el avance científico y tecnológico, que pudieran acompañar y responder al complejo conjunto de actividades colectivas que transcurren en el territorio argentino; continuándose con el menoscabo de las actividades que se propulsan desde el CONICET.

Por Huilén Florencia Toth

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